La educación
es un fenómeno que nos concierne a todos desde que nacemos. Los cuidados maternos, las relaciones
sociales dentro del hogar o en grupos de amigos, en distintos contextos –escuela,
calle, etc.- que pudieran modificar alguna forma nuestro modo de ser; según Coll
(1997) “la concepción constructivista del aprendizaje escolar y en la enseñanza
entiende el desarrollo como un proceso mediado, modulado por la cultura en sus múltiples
manifestaciones y escenarios. Mediante las diversas prácticas educativas –en la
familia, en el taller de aprendizaje, en la escuela, en los grupos de iguales,
en las vinculaciones a organizaciones sociales, religiosas, en los medios de comunicación,
etc.- que los grupos sociales ofrecen a sus nuevos miembros, se facilitan los
encuentros indispensables para el desarrollo […]”
Según
el gran diccionario de las ciencias de la educación (2002) la educación es una
actividad orientada intencionalmente para promover el desenvolvimiento de la
persona humana y de su integración en la sociedad; puede centrarse más en la ejercitación
de habilidades que en la trasmisión de conocimientos.
En estas
concepciones, la educación adquiere el carácter de factor de desarrollo; “conviene
recordar que la emergencia de la institución escuela dirigida a promover la socialización
y el desarrollo de los más jóvenes es un fenómeno relativamente reciente que
genera una situación inédita”
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